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Xoloitzcuintle

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Xoloitzcuintle
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El Xoloitzcuintle es un perro de raza cuya mayor peculiaridad es su alopecia, casi no posee pelo y además también le faltan algunos dientes; curiosamente entre menos pelo tenga más dientes le faltarán. Es delgado, con cola alargada y fina, y su piel es oscura y arrugada. Se parecen mucho a la raza Cirneco del Etna, el porte, la forma de los ojos, orejas triangulares y rectas y un cuello largo.

Es originario de México, se cree surgió del perro prehispánico o mesoamericano. Es una de las razas más antiguas que existen en el planeta, se estima que existe hace más de 7000 años. Su nombre proviene de las palabras del lenguaje náhualt: Xolotl que significa “Dios del ocaso y gemelo de Quetzalcóatl” y Itzcuintli que significa “perro”.

Otras teorías indican que la palabra Xolotl significa “Dios de la vida y la muerte” al cual se le asociaba con figuras monstruosas como algunos consideran la excéntrica apariencia de este perro.

Este era considerado por los antiguos aztecas como un animal mágico y sagrado. También se le conoce con otros nombres, por ejemplo, Xolo, Perro Pelón Mexicano o Perro Azteca.
Su promedio de vida es de entre 12 y 14 años, aunque no es raro ver algún ejemplar que dure 20 años ya que gozan de muy buena salud. Pesan entre 4 y 20Kg. Puede ser de varios colores, sólidos o manchados, en tonos negro, marrón, gris y rojizo.

El Xoloitzcuintle puede ser de tres tamaños:
• Toy – mide de 23 a 36cm. Utilizado comúnmente como mascota de compañía.
• Mediano – mide de 38 a 51cm. Utilizado como perro guardián.
• Estándar – mide de 51 a 76cm. Utilizado como perro guardián.

Los Xoloitzcuintle  son perros muy inteligentes, amigables, fieles, afectuosos y activos. Son excelentes acompañantes para los deportes y tienden a ser muy tranquilos con las personas desconocidas, aunque son algo tímidos. Son muy hábiles para meterse en agujeros pequeños y muy diestros para escalar distancias de hasta 2 metros. Son muy territoriales, darían su vida por defender su espacio.

Son ideales para casi todo tipo de personas o familias. Pueden vivir en una casa que tenga un gran jardín o en un apartamento en el cual su dueño disponga de tiempo para sacarlo a pasear y ejercitarse. Son excelentes para las personas alérgicas al pelo de perro ya que se consideran hipoalergénicos. Debido a la falta de pelaje no son propensos a sufrir de pulgas y garrapatas.

Existe una variedad de Xoloitzcuintle que posee pelo, igual se considera puro, de raza, pero no resultan tan llamativos como los que no tienen pelo ya que tienen un aspecto más parecido a un perro mestizo. En una misma camada pueden nacer algunos con pelo y otros sin pelo, y al cruzar un perro con pelo con otro sin pelo el resultado puede ser crías sin pelo. Su falta de pelaje hace que mantenga una temperatura corporal mayor al promedio, de aproximadamente 40ºC.

xoloitzcuintle

Durante muchos años fue muy apreciado por su carne, era consumido regularmente en banquetes de bodas y funerales, inclusive, se creía que poseían poderes curativos y que dormir con alguno podía aliviar ciertos malestares debido a su calor corporal.

La piel del Xoloitzcuintle es muy sensible, debido a su falta de pelo que muchas veces en los perros actúan como una capa protectora ante las inclemencias del tiempo y de las condiciones en las cuales se desarrolle; pero al mismo tiempo tienen un gran poder regenerador lo que hace que sus heridas cutáneas cicatricen con gran rapidez. Necesitan de mucho cuidado y atención, debe aplicárseles crema humectante con regularidad y si van a estar expuestos al sol es recomendable colocarles bloqueador solar.

Esta raza fue oficialmente reconocida por la Federación Canófila Mexicana y la Federación Cinológica Internacional en la década de los 50 del siglo pasado, fue en ese momento que se comenzaron a tomar medidas para la conservación de esta especie.

Muchas han sido las personalidades que han criado a este tipo de perros, los pintores Frida Kahlo y su esposo Diego Rivero criaron varias de estas mascotas e incluso los utilizaron como inspiración para sus obras.

Esta raza no es muy popular, ya que para muchas personas no resulta atractivo el tema de que el animal casi no tenga pelo, además que solo se encuentran en México. Por el contrario, los criadores de esta raza si los valoran y aprecian mucho porque está muy asociado a la cultura mexicana, tanto así que el 12 de agosto de 2016 el jefe de gobierno de México Miguel Ángel Mancera lo declaró Patrimonio Cultural y Símbolo de la Ciudad de México.

Existen diversas leyendas con respecto a esta raza, por ejemplo, según la mitología mexicana, estos perros eran los encargados de acompañar a las almas de los difuntos en su viaje al inframundo, por esta razón, eran sacrificados y enterrados junto a sus familiares. Tanto es así que recientemente esta historia se retrató en la película animada de Pixar, ganadora del Oscar, Coco, donde el fiel compañero de Miguel, el personaje principal de la película era un Xoloitzcuintle llamado Dante.

✓ Historia y Origen del Xoloitzcuintle

Una joya arqueológica viviente” es como muchos describen al Xoloitzcuintle, el perro azteca nativo de México. Es considerada una de las razas más antiguas que habitan el planeta con más de 7 mil años, sin que el hombre haya intervenido en su generación, según especialistas.

Este perro, natural de México, es una raza muy antigua. En la mitología mexica, se creía que los xoloitzcuintles acompañaban a las almas de los difuntos cuando viajaban al Mictlán, el inframundo, por lo que se les sacrificaba y enterraba junto con los muertos a los que debían guiar. Por esta razón eran sacrificados y enterrados en las tumbas.

Sin embargo la tradición mexica apuntaba que debía ser completamente negro, porque si presentaba manchas en su cuerpo esto decía que ya había servido al alma de otro difunto.

Además para el pueblo mexicano, el Xoloitzcuintle tenía la capacidad de alejar y proteger los hogares de espíritus malignos, pero como todo para ellos era dualidad también representaba un lado maligno ya que se le identificaba con la enfermedad y deformidades físicas.

La palabra Xoloitzcuintle viene del náhuatl Xólotl, que quiere decir monstruo, extraño o animal y del término Itzcuintli, que significa perro. Hay leyendas que hablan de que Xolotl le dio el xoloitzcuintle como regalo al hombre, después de haberlo fabricado de una astilla del Hueso de la Vida, el hueso del que toda vida fue creada. Debido a esto, los mexicas lo consideraban sagrado, y esta adoración se manifestaba en muchas representaciones esculturales y pictográficas.

En la cosmovisión mexica también tienen un papel importante; Xolotl es el gemelo de Quetzalcóatl con cabeza de perro, deidad del ocaso y de la transformación; concebido como él Venus oculto que acompaña al Sol durante el ocaso para librar una batalla en el Mictlán (inframundo) durante la noche. Mientras que su gemelo Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, es la luz y vida de este planeta que acompaña al Sol al amanecer.

En el territorio mexicano, la primera manifestación encontrada de un perro fue en la Cueva del Tecolote, en Huapalcalco, estado de Hidalgo, 3500 años A.C. Hay evidencias de que diferentes culturas mesoamericanas tuvieron contacto con perros; entre ellas, los tlaxcaltecas, mayas, zapotecas, mexicas, por citar algunas. En el Códice Florentino (años 1500), fray Bernadino de Sahagún ya mencionaba a estos perros.

En la medicina azteca se acostumbraba presionar la piel del Xolo sobre alguna zona con dolor para que desapareciera, esto los hacía excelentes curanderos de malestares de cabeza o musculares, asma, reumatismo, insomnio e incluso malaria.

Incluso, antes de ser domesticado, el Xoloitzcuintle se le apreciaba por las cualidades de su carne como alimento ya que era una importante fuente de proteínas para los antiguos.

Este canino mexicano ha corrido peligro desde la llegada de los conquistadores por su consumo indiscriminado. Como lo mencionó el jesuita Francisco Javier Clavijero: “los españoles los encontraron nutritivos y de buen sabor y después de la conquista a falta de otra carne los comieron hasta acabar con la especie”.

Todo apunta que los primeros en atentar contra la crianza, consumo y uso de estos perros mexicanos fueron los frailes, quienes al rechazar cualquier rito religioso no católico restringieron de facto el consumo de carne de perro.

A esto se sumaron ordenanzas de la corona española para acabar masivamente con todos los perros nativos que quedaban en las calles, por lo que fueron envenenados. Fue así como los canes ya no eran vendidos en los mercados y fueron pocos los que mantuvieron a algunos en sus casas.

Sin querer, con las restricciones de las costumbres prehispánicas, los españoles provocaron en el siglo XVII una nueva migración de indígenas, ahora del centro hacia la zona costera del Pacífico, aquellas tribus de nuevo no iban solos, llevaban los últimos perros consigo.

A partir de la caída de Tenochtitlán y durante la época colonial casi no se tienen datos relevantes sobre el Xoloitzcuintle, quizás debido a que subsistieron en lugares apartados como las sierras de Colima, Jalisco, Michoacán, Oaxaca y Guerrero; después de la Revolución Mexicana y con el auge del nacionalismo este canino se retoma como símbolo de la mexicanidad.

Durante los siguientes siglos los perros mexicanos itzcuintli, xoloitzcuintle y tlalchichi, se creyeron extintos, y así fue pero solo parcialmente. Hasta 1950, cuando el embajador británico Norma P. Wright decidió emprender un viaje de varios años a diversos puntos del país para localizar a los últimos xoloitzcuintles u otras especies caninas nativas, y las localizó en comunidades costeras de Oaxaca y Guerrero. Una vez con los suficientes ejemplares de xolos intervino la Facultad de Medicina y Zootecnia de la UNAM en donde se inauguró una pensión canina en Coyoacán con estos animales, iniciando así su reproducción.

Aunque algunas asociaciones canófilas internacionales e incluso nacionales no reconocen al xolo como una raza, cada vez se suman más especialistas en la defensa y reproducción del único perro auténticamente mexicano.